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Cuánto cuesta una página web en Chile, y por qué te dan precios tan distintos

Pediste cuatro presupuestos y te llegaron cifras que no se parecen en nada. No es que unos te estén estafando: es que estás comparando cosas distintas. Esto es lo que hay detrás de cada precio.

Calculadora, libreta con cifras y propuesta impresa de diseño web sobre un escritorio.
Los precios varían según quién diseña, cuántas personas intervienen y qué incluye el primer año.

Pides cuatro presupuestos para el mismo encargo y te llegan cuatro cifras que no se parecen. Una de trescientos mil pesos, otra de tres millones. La reacción natural es pensar que alguien miente.

Casi nunca es eso. Lo que pasa es que la palabra «página web» no significa lo mismo para quien la escribe que para quien la lee.

Lo que realmente mueve el precio

Quién la hace. Una plantilla comprada y rellenada con tus textos cuesta poco porque el trabajo de diseño ya estaba hecho, para ti y para los otros cuatro mil que compraron la misma. Un diseño propio cuesta más porque alguien se sienta a pensar tu negocio. Las dos cosas son legítimas. Lo que no es legítimo es cobrar lo segundo y entregar lo primero.

Cuántas manos pasan por encima. Si la agencia tiene ejecutivo de cuentas, jefe de proyecto, diseñador y programador, el presupuesto paga a cuatro personas y las reuniones entre ellas. No es despilfarro: en un proyecto de cien páginas hace falta. En un sitio de siete, es una estructura que pagas sin usar.

Qué pasa después de publicar. Aquí es donde los presupuestos baratos suelen esconder el precio real. Si cada cambio de texto es una hora facturada, en el segundo año has pagado la diferencia. Pregunta siempre quién administra el sitio y cuánto cuesta cambiar una foto.

A nombre de quién queda el dominio. Parece un detalle administrativo hasta que quieres irte. Si el dominio está a nombre de la agencia, no te estás llevando tu sitio: estás pidiendo permiso.

Tabla con cuatro presupuestos impresos y una calculadora sobre un escritorio.
Los totales no son comparables si no responden las mismas tres preguntas.

Las tres preguntas que ordenan cualquier presupuesto

Cuando compares, no compares totales. Compara respuestas:

  1. ¿Qué puedo cambiar yo sin llamarte? Textos, fotos y precios deberían ser tuyos. Si la respuesta es «mándame lo que quieras cambiar», el precio real es el presupuesto más todo lo que vas a pedir en dos años.
  1. ¿El precio es cerrado o es una estimación? Una estimación es una cifra que crece. Un precio cerrado obliga a que alguien haya pensado el alcance antes de darte el número, que es exactamente el trabajo que quieres que hagan.
  1. ¿Qué incluye el primer año? Hosting y dominio son gastos recurrentes. Si no aparecen en el presupuesto, aparecerán en marzo.

Por qué el más barato suele salir caro

No por mala fe. Por aritmética: un sitio a doscientos mil pesos no puede incluir horas de análisis, diseño propio y soporte posterior, porque no caben. Lo que se entrega es una plantilla instalada. Sirve para salir del paso, y a veces salir del paso es exactamente lo que necesitas.

El problema es cuando lo compras creyendo que es otra cosa. Al año siguiente el sitio no se puede modificar, no aparece en Google y hay que rehacerlo. Has pagado dos veces.

Y por qué el más caro tampoco es garantía

Un presupuesto alto puede ser un buen trabajo o puede ser una estructura grande facturándote su tamaño. La diferencia se nota en una cosa: si en la primera reunión te hacen preguntas sobre tu negocio o solo sobre tu web.

Quien pregunta a quién le vendes, qué te compran y por qué te eligen, está diseñando algo. Quien solo pregunta cuántas secciones quieres, está cotizando páginas.

Si estás comparando presupuestos y quieres una tercera opinión sobre lo que te ofrecieron, escríbenos. Te decimos con franqueza qué está bien y qué no, aunque termines contratando a otro.

Sofía Equipo Divigram · responde al instante
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